• De la editorial

Ana Cantorán: el teatro en New York no sólo está en Broadway




Actriz de profesión, Ana es de la ciudad de Puebla, estudió arte dramático en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), en sus años de universidad fue parte de diversos festivales nacionales e internacionales pudiendo pisar escenarios de toda la república, Europa y el norte de África. Cuando concluyó sus estudios en México, en 2012, le llegó la oportunidad para estudiar una maestría de Teatro Contemporáneo en La Universidad de Narope, ubicada en Colorado y caracterizada por ser Budista. Al concluir con sus estudios Ana decidió quedarse un año más, parte de las facilidades que te da una visa de estudiante es que al concluir tus estudios se otorga por nueve meses un tipo de permiso llamado OPT, este consiste en darte legalidad laboral, donde si logras encontrar un trabajo que tenga que ver con lo que estudiaste puedes permanecer en el país con tranquilidad, al expirarse puedes renovar un permiso de trabajo sí y sólo sí tu empresa accede a reclamarte. Cuando eso no sucede hay una opción mas, pero es bastante difícil de alcanzar, tramitar una visa de artista; Ana se vio en la necesidad de tramitar esta visa, pero le fue negada, no obstante ella pudo permanecer en el país de manera legal por que contrajo matrimonio con ciudadano americano. En el año de OPT Ana decide mudarse a Nueva York donde su actual pareja ya vivía y que cabe mencionar comparten amor y profesión por el teatro.


Cuando hablamos de la disciplina teatral en los Estados Unidos es natural que esta ciudad se nos venga a la mente, pensamos en las destellantes luces y los grandes escenarios de Broadway. Pero llegar a Nueva York como en todas las historias de artistas independientes no es para nada fácil, después ser una mujer inmigrante y racializada te pone otros pesos más en la espalda. Empezar a moverse en el círculo de artistas newyrokinos fue medianamente fácil ya que algunos contactos de la maestría la invitaron a trabajar en colectivos teatreros independientes.


La primera obra que pudo montar en New York era sobre migración, en un formato de teatro que se le conoce como “devicing” un tipo de improvisación teatral, que en español aún no hay una definición precisa de este método. Terminado este primer proyecto llega a su vida Marisol una actriz “Newyorican” (hijos de gente de Puerto Rico nacidos en Nueva York), que la invita a formar parte de un proyecto llamado “Seven ravens” (Siete cuervos) conformado sólo por actrices racializadas, basado en un cuento de los hermanos Grimm, donde una niña tiene siete hermanos que se vuelven cuervos y desaparecen, cuando la niña cumple 11 años va en búsqueda de sus hermanos y es ahí donde se hace el giro de la historia, se habla muy explícitamente sobre la migración de los niños de Centro América y México, pero también aquellos que deben migrar desde otras latitudes por situación de guerra o inestabilidad social en sus países, este proyecto fue tan fructífero que al terminarlo se le invita a formar parte de la compañía “Square one collective” liderada por Andrea una artista proveniente de Singapur.



La primer obra que salió de este proyecto a principios del 2020, se titula “No place” (Sin lugar), pieza que habla sobre la migración forzada en diversos territorios y fronteras, que aunque en nuestro imaginario podamos pensar que sólo pasa en el hemisferio norte del continente que habitamos, este es un fenómeno que toca cada rincón del mundo, con esta obra pudieron presentarse en el Festival Nacional de Teatro en Singapur así también como llevar la pieza a Japón, por ahora este proyecto se encuentra parado debido a la contingencia del Covid-19, pero sigue con objetivos futuros, cuando las actividades culturales sean retomadas en todos los espacios del mundo.


Ana es también una idealista de las artes, ella como muchas de las personas que se dedican al arte desde lo social, cree que el teatro tiene la magia de guiar a los jóvenes por caminos mas sanos, es por eso que paralelo a su que hacer artístico, también dedica parte de su vida laboral a dar talleres de teatro en escuelas de zonas marginadas de la ciudad, situación que enfatiza porque en nuestro país se tiene una pésima idea de que de este lado de la frontera no hay un sector social con altos índices de pobreza, se cree que aquí todos están bien educados, comidos y cuidados, pero no es así, aquí también hay muchas carencias sociales y sobre todo de incentivo artístico para las y los jóvenes, como en muchos lugares del planeta el arte en esta ciudad también es un lujo.


Es por eso que debemos saber que hay un teatro que todos conocen, ese el de los grandes espectáculos con luces y sonido, pero también está la otra cara del teatro en esta ciudad tan llena de carencias para nuestras comunidades, debemos entender que no todo es Broadway, hay también un sector de artistas independientes que dan espíritu al teatro de vanguardia, de concepto y de acción social en el corazón del imperio. Un arte interseccional que da pie a conversaciones que en estos tiempos debemos todos de abordar, como el racismo, clasismo y machismo en nuestras sociedades, también es importante entender que ser una mujer racializada en una industria que alaba la blanquitud hace que tus caminos o aspiraciones a ciertos papeles se vean mermados por el color de tu piel hasta el modo en el que hablas un idioma que no es el tuyo, el teatro que todo el mundo conoce sólo le ha ofrecido a nuestra adorada actriz un par de papeles, situación que evidencian los conceptos erróneos que la industria tiene para nosotras las inmigrantes, nosotras pareciera que solamente aspiramos a tener un papel de servidumbre o de extra si es que no cumplimos con sus perfiles.


Hacer teatro independiente tanto en México como en Estados Unidos es un acto de resistencia.


Por eso tener conversaciones entre ambos territorios nos invita a crear vínculos y conexiones que haga del arte algo accesible para nuestra comunidad, donde también encontremos educación, oportunidades y representación para todas y todos.




Por Audry Bustos para PUEBLAYORK