• Crosby Girón

Un breve viaje Pueblayork


Desde Massachusetts hasta Nueva York hay unas dos horas y media de viaje. Todo empieza a las siete de la mañana. Es domingo y el clima se anuncia soleado y cálido, con posibles lloviznas por la tarde. Amy y yo estamos buscando el mítico Pueblayork, una comunidad de poblanos en Nueva York, particularmente en Queens. Nuestra otra misión es comprar chiles secos en la Peach Market Inc., una tienda de productos mexicanos de todo tipo.

Cuando llegamos a Jackson Heights, hacia las diez de la mañana, la gente ha salido a las calles. Amy estaciona en la 72 y paga el parqueo por dos horas. De inmediato empiezo a tomar fotografías, para comprobar que la cámara funciona. Hemos quedado muy cerca de la taquería Coatzingo. Nos sentamos y el hambre nos sugiere una cemita poblana. Quizá por eso es que aunque le pusieron lechuga a la cemita, nos pareció de buena calidad.



En la entrada de la taquería encuentro una excelente imagen: es una virgen de Guadalupe con algunos dólares a sus pies, y luces bandera (rojo y verde). Nos atiende una joven mujer venezolana, quien nos recomienda definitivamente la Coatzingo como la mejor comida mexicana de la zona. Aunque ella prefiere ir a Astoria si de comer se trata. Nosotros, Amy y yo, decidimos ir hacia el lado opuesto, para buscar los chiles entre North Corona y Corona.


Hay un dato curioso sobre Jackson Heights: con sus poco más de 100 mil habitantes, es uno de los barrios más diversos de Estados Unidos. Michel Kimmelman, escribió en agosto en el New York Times, que posiblemente se hablen más de 160 idiomas en el área, que hay una escena cultural latinoamericana en auge, y grupos nepaleses y tibetanos llegando constantemente. Quizá por eso es que Alexandra Ocasio-Cortez sea muy popular allí. El Covid-19, tristemente, también lo fue en la primavera de este año.


En uno de los postes del cableado público están pegados anuncios de apartamentos. Los hay desde 500 hasta 1,200 dólares, según el número de habitaciones y la exigencia o no de presentar “papeles” para poder rentarlos. Aunque la gentrificación parece estar impactando la dinámica habitacional, y son muy conocidos los apartamentos de sótano, donde viven hasta una docena de personas turnándose las camas. Es la forma en que viven muchos poblanos, cuyas cifras oficiales en Nueva York se aproximan a los seis millones.



Se nos ocurre comprar pan en una tienda que tiene de todo: bebidas, especias, pan, salsas, coco, avena, chía, linaza, pasas, granola y quesos mexicanos. La mujer que atiende es amable hasta que le pregunto si es de Puebla. Me dice que es del centro de Puebla pero se inquieta cuando le hago algunas preguntas. Me cuenta que lo que más extraña es la comida, porque la de aquí, “no se compara”, asegura. Hace varios años que no regresa porque no tiene papeles. “Soy migrante, no tengo papeles”, me dice mientras me extiende una bolsa de papel donde hay dos cemitas y dos conchas que hemos comprado. Resulta muy difícil ver las expresiones faciales detrás de un cubrebocas. Pero aún así me permite tomar algunas fotografías y explicarme que el pan lo fabrican allí mismo, en la parte trasera del local.



La caminata nos lleva por toda la Roosevelt Avenue, que tiene al sur el barrio Elmhurst. En la 82 nos decidimos a probar unos tacos de pastor en una de las tantas carretas que están sobre la calle. La carreta es muy vistosa, con luces y rótulos que hacen alusión a México y a sus exquisiteces culinarias: tacos, gorditas, sopes, quesadillas, tortas, cemitas, burritos, tostadas, huaraches, flautas y chalupas. Las porciones de tacos son grandes: sin faltar el guacamole y la cebolla con cilantro. No pudimos terminarlos, pero supimos que la mujer que atendía era salvadoreña y llevaba apenas un mes trabajando en la carreta.



Pensábamos comer de todo, lo cual es prácticamente imposible. Fue entonces que nos encontramos a Manuel casi a la vuelta de la esquina. Su oferta era impresionante: tacos de canasta de la mejor calidad. Fue ineludible comprar una porción. Manuel nos contó que él no fabrica los tacos, sólo los vende. El cocinero es un tlaxcalteca anónimo. Nos hemos gastado 22 dólares hasta el momento y estamos a reventar de comida. Avanzamos unos pasos y vemos que al cruzar la calle hay tamales. Seguro hay tortas de tamal, pensamos… es una buena opción de comida para llevar.


Hay cuatro ventas de tamales y efectivamente nos avisan que hay tortas de tamal. Cada tamal cuesta un dólar pero pensamos que es mejor idea comprarlos al final de la jornada para no tener que cargarlos todo el día. En el camino descubrimos una carreta de tacos y una venta de jugos naturales de frutas y vegetales. En la carreta de tacos una mujer mexicana nos cuenta de las extenuantes jornadas de nueve y doce horas que debe cumplir para poder ganar algo de dinero. Ya no podemos comprarle, así que apenas sonreímos y seguimos buscando la tienda, para comprar chiles mexicanos que está en Corona, casi llegando al Flushing-Corona Meadows Park.


En la venta de jugos de frutas y vegetales conocimos a Jackeline, quien ha venido desde Izúcar de Matamoros, Puebla. Es poblana, dice, y exhibe su mejor sonrisa para un retrato. Nos cuenta que tiene un plan muy claro: trabajar duro y ahorrar dinero para regresar a Izúcar, donde le esperan sus dos hijos. Según relata, en días buenos puede llegar a ganar entre 150 y 200 dólares al día. Frente al local hay una venta de verduras y legumbres en plena calle. “Por aquí hay muchos poblanos”, afirma, "y a veces se juntan para comer o beber unas cervezas".


Finalmente compramos siete libras de chiles secos mexicanos en Corona, y emprendemos el regreso. Aún encontramos a las mujeres que venden tamales. Compramos diez y preguntamos a la mujer de dónde es. Nos responde que de Guerrero, que lleva veinte años en Queens vendiendo sus tamales, porque ella misma los hace y los vende. Ella no sabe nada de Pueblayork, pero piensa que sí hay muchos poblanos en la región: “Ellos son otro tipo de gente”, nos dice enigmáticamente. La tarde va cayendo, el ambiente nocturno empieza a emerger, y ya no queda tiempo para más preguntas. Explorar Pueblayork requiere una vida.



Por Crosby Girón para PUEBLAYORK