• Daniel Carpinteyro

Esmeralda Guillén: el tesoro de una voz en resistencia


Una estrella esmeraldina asciende por el horizonte de la canción contemporánea mexicana. Melancólica y balsámica, esperanzadora y audaz, la apuesta musical de Esmeralda Guillén descuella entre el maremágnum de experimentos melódicos en México. Su trabajo mantiene el equilibrio entre diversos estilos de Jazz y Rock, aunque no teme a la música ranchera ni a los estilos latinoamericanos. Sabe explorar sin encallar, conceder sin comprometerse, trazando una cartografía melódica en constante expansión hacia diversos puntos cardinales. Desde sus orígenes como corista en el grupo Patita de perro hasta su imparable carrera como solista, un hilo conductor enlaza las joyas que de su voz emergen: la entrega absoluta, el diseño preciso de cada acorde y modulación que culminan en dispositivos sónicos elevados a sus máximas posibilidades expresivas.



Los orígenes

Esmeralda Guillén es oriunda de Catemaco, población al sur de Veracruz célebre por su playa, su laguna, la isla de los changos y un conciliábulo de brujos de renombre mundial. En su atmósfera diurna reverberan vocalizaciones aviares, y por noches sobreviene, como una sinfonía tropical, la estridulación coral de los insectos y el chirriar de mamíferos alados que sobrevuelan las tejas de las coloridas casas. Toda semilla florece en esa tierra; la vida se desparrama en todas sus formas. Este fue el primer ecosistema que depositó su semilla fónica en los oídos de nuestra cantautora. El sureste de la República Mexicana posee una enorme riqueza musical, tanto en los géneros tradicionales como en las vertientes modernas de la música. Esmeralda es consciente de la trascendencia de este acervo cultural.


"La riqueza musical del Estado de Veracruz me parece una fortaleza para enfrentar los ejercicios necesarios de cambio y reflexión de todo el país. Tienes cantautoras como Natalia Laforucade y Silvana Estrada, mujeres encabezando la industria en Latinoamérica. Nominados al Grammy como Los Cojolites, documentado el son jarocho y un sinfín de colectivos visibilizando la afrodescendencia, son ejercicios explícitos e implícitos que van cobrando o subsanando deudas históricas desde la música solo por existir", reflexiona.

Una de las primeras cantantes que impactó a Esmeralda fue Lola Beltrán, cuyas sentidas piezas escuchaba en el hogar familiar. Al llegar a la adolescencia fue conquistada por la tesitura de contralto de Rosana, notable exponente del pop ibérico. Ya durante su formación musical descubrió a Nina Simone, inmortal sacerdotisa del Jazz, Rythm n'blues y el Soul. En esta trinidad se resuelve la sumatoria fundamental que subyace en las raíces musicales de la cantautora catemaquense.



Un viaje interminable


Además de su ciudad natal, Esmeralda ha residido en Xalapa, Emiliano Zapata (en Tabasco), Puebla de Zaragoza y Nueva York. Este movimiento constante parece corresponderse con el movimiento mismo de su propuesta artística a través de diferentes estilos musicales. Como ella misma reconoce: "Creo que el nomadismo ha marcado mi vida y siento que a través de la canción voy recogiendo simbólicamente mi identidad, robando un pedacito de cada lugar, tal vez por eso hago una cumbia, como una balada rock o una ranchera, un bolero y todo se queda y es parte de mí y aún me falta mucho por explorar".


Entre las ciudades en las que Esmeralda ha residido, Nueva York se ha incrustado en su memoria con una fuerza singular. No todo fue eufonía y glamour, pues le tocó vivir de todo. Su estancia aún es reciente, por lo que la Gran Manzana aún permanece fresca en su memoria. Con estas palabras la recuerda: "Hice una estancia de medio año en Nueva York durante el segundo semestre de 2019. Me fascinó escuchar la fusión de lenguajes musicales, lo que escuchamos aquí como World Music, sucediendo hasta en las calles de NY, tal vez por eso sin darme cuenta me quedé a vivir el tiempo que el visado permitía, de aquí soy en cuanto a la música, llegué a pensar… Luego vivir en esa ciudad fue un reto grandísimo. Una ciudad que en un cuarto de mil dólares, de unos cuantos metros cuadrados, no garantiza tu integridad física. Por ejemplo, me tocó vivir una experiencia de desalojo por dos incendios provocados en noches consecutivas por el cliente de un vecino ex presidiario que era su dealer, fueron noches en un departamento en el Bronx y así, algunas historias como de película. El punto es que la realidad te alcanza en cualquier lugar, la descomposición social y reparación del daño es el tema. Ahora siento un mayor compromiso por encontrar la vía de revertirla desde mis posibilidades; entre ellas, cantando y creando canciones".


Cabe destacar que Esmeralda guarda amistad con la cantante y escritora Audry Funk, quien es editora en Nueva York de este medio. Ambas colaboraron en un proyecto llamado "La Sagrada Familia" y después se acompañaron en una gira de conciertos denominada "Buscando voces", donde pudo empaparse de diversas propuestas musicales. Así nos lo relata: "Este viaje fue posible gracias al cantante poblano Mariano Cersa, que reside en Nueva York desde hace tres años. Él, a través del Colectivo Esperanza Azteca, me invitó a participar en las celebraciones de Independencia de México en el Estado de New Jersey. Mexicanas y mexicanos como Sonia de Los Santos, que hace música infantil, Renee Goust, una cantautora lesbofeminista, Sinhué Gracía y Alda Reuter, haciendo Son Jarocho y muchos otros artistas mexicanos y latinoamericanos, como la actriz Valeria Avina o la cantautora colombiana Alea".


El trabajo colaborativo es para Esmeralda una práctica frecuente, a partir de la cual se permite dialogar con otras voces y ritmos, lo que provee riqueza, complejidad y sustancia a su propio trabajo artístico. Ella alimenta su voz sobre el camino, y en su tesitura conviven las voces de otras sensibilidades con las que su búsqueda llega a confluir. Recientemente grabó la canción Voces unidas, en colaboración con la cantante colombiana Paula Ríos, entre cuyos acordes resuena el eco de la canción latinoamericana de protesta. Respecto a los vasos comunicantes que emergieron a partir de esta grabación, Esmeralda puntualiza: "Paula y yo compartimos interés por el arte que transforma vidas. Me ha inspirado el trabajo que hace con la infancia y Colombia y México tienen esa misión en común, atender más a la infancia. Voces Unidas fue grabada en Medellín, durante la gira que hice por Colombia con Paula. Las dos conectamos con ritmos latinoamericanos y sus discursos. La canción la escribió Paula durante un encuentro con las niñas del Museo Rayo de Roldanillo. Al llegar a Bogotá, me propuso que la cantáramos juntas para sellar el inicio de la primera parte de nuestra gira. En cuanto la contingencia sanitaria lo permita, haremos una segunda parte de UNA COLOMBIANA Y UNA MEXICANA por México".


Cuando nos enfrentamos a una canción de Esmeralda, resulta difícil determinar cuál de sus aspectos certifica pulcritud mayor, pues la lírica, el ensamble instrumental, el trabajo vocal y la producción resaltan por su esmerada factura. Respecto a sus influencias líricas, nos comparte: "En la literatura, ahora quisiera leer mujeres y lo practico. Mis primeras influencias literarias son de escritores hombres y esto no es nada que me enorgullezca, supongo que es parte del proceso de deconstrucción que estoy viviendo, desde la decolonialidad principalmente. Leía a Sabines, Neruda, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Herman Hesse, Nietzsche, Camus, Sabato, Benedetti… Ni tantos, pero de todos ellos creo que Sabines me fue el más familiar. Ahora soy consciente de que sus imágenes y su narrativa me llevaban a la infancia, compartiendo vacaciones en el rancho con mi papá y viviendo algunos contrastes en una ciudad pequeña como Xalapa Veracruz, que fue donde crecí. La primer escritora que leí fue Doris Lessing, me enteré que ganó un Premio Nobel y me surgió interés. Ahora toca acercarme más a Literatura escrita por mujeres y hecha en Latinoamérica".


Buena parte de las canciones de Esmeralda se inspiran en la temática amorosa. Cuestionada sobre la vigencia de este paradigma lírico en tiempos de la crisis del amor romántico, responde: "Parece que el amor eterno en pareja siempre implica una dosis de sacrificio del amor propio y afortunadamente esa concepción va cambiando con los discursos y prácticas con perspectiva de género, sin embargo aún en lo más profundo de las aspiraciones, existe el deseo de encontrar ese amor perfecto del que hablan las canciones, que un día te acomodan y otro incomodan más. Así que las canciones no enfrentan el peligro, la transformación del pensamiento a veces es un proceso lento y hacerlo coincidir con las emociones puede serlo aún más".


Por el momento, la artista se encuentra en Puebla, donde ha filmado videos instructivos para Secretaría de Cultura sobre el canto como técnica de relajación. Además se encuentra germinando varios otros proyectos. Sobre su momento presente, ella explica:

"Mi vida profesional está totalmente conectada con mi vida personal y después de tanto tiempo en NY, llegar a México para entrar al confinamiento, también requería un espacio para asimilar lo que viví y ponerme al día.


En este momento estoy dedicando mi ser creativo a trabajos colectivos, con artistas de diferentes disciplinas con enfoques en la infancia, en mujeres, en personas de la tercera edad... En general trabajo con grupos vulnerables. Este quehacer social me enriquece mucho y lo hago como una forma de resistencia. Uniendo esfuerzos con colectivos podremos ser fuertes ante los tiempos venideros dentro del sistema cada vez más fragmentado en el que vivimos. Espero pronto poder compartir éste trabajo, son tiempos muy creativos".


En resistencia, en constante reinvención, la apuesta artística de Esmeralda Guillén continúa, como un cometa de verde corazón, su trayectoria, diseminando luz y esperanza a su paso por los oídos de un público siempre creciente, y signando con inconfundible cadencia la constelación del universo musical contemporáneo.


Escucha la discografía de Esmeralda Guillén aquí.



Por Daniel Carpinteyro para PUEBLAYORK