• María Meneses

Contando una experiencia


Mi nombre es María Meneses. Soy originaria de Atlixco, Puebla, México. Llevo en este país casi 20 años, crucé varias veces la frontera y decidí quedarme aquí. La última fue hace 15 años. Espero pronto regresar a mi tierra tan bonita que no puedo olvidar. Soy sobreviviente de violencia doméstica. Trabajo como promotora de salud actualmente, soy voluntaria en algunas organizaciones sin fines de lucro y me gusta ayudar a las comunidades.



Cuantos años han pasado y el recuerdo sigue vivo. Ahora puedo ver sus caritas, pero me sigo entristeciendo.


Recuerdo la primera vez que tuve que salir de casa con una maleta llena de sueños, con el corazón roto y mi rostro bañado en lágrimas, muy triste y abrumada, pero con la pequeña esperanza que tendríamos un futuro distinto.


El camino brincando el charco fue pesado y peligroso. En mi pensamiento llevaba las imágenes clavadas de mis dos niños tan pequeños, ellos despertarían a la mañana siguiente y no verían a mamá sirviendo el desayuno, con el corazón adolorido y el cuerpo exhausto de la caminata. Mi inspiración eran ustedes, mis dos pequeños ángeles. La vida no era fácil siendo madre soltera, me vine sin dirección alguna porque no tenía a nadie en estas lejanas tierras, pensaba buscar a mi amiga que es como mi hermana, no sabía dónde estaba y todo lo hice de reversa. Primero llegué a Nueva York y después buscaría su dirección.


Encontré a una persona que me dejó quedarme unos días con ella mientras hallaba un trabajo o un cuarto donde vivir con unos cuantos pesos en la bolsa, muerta de miedo, hambre y frío. No sabía lo que venía siguiéndome en el camino.


Y así comenzó el calvario, porque encontré nuevamente a mi victimario, que me castigaría de muchas formas y yo tan temerosa solo inclinaba la cabeza. Trabajé varias semanas sin recibir un solo dólar porque ese dinero aquella persona lo recibiría. Pude salir a escondidas y no regresé a aquella casa. Encontré un trabajo como mesera donde después de un tiempo fui acosada. Todas las personas sabían que yo estaba sola y que no tenía a nadie que diera la cara por mi persona.


En mi país donde se supone que deberían velar por la integridad de mi familia, las instituciones me dieron la espalda y dijeron simplemente que yo era una mala madre y que por eso no merecía tener a mis niños conmigo y se los entregarían a mi verdugo que tanto daño me hizo. Lloré muchas noches tan impotente y sin fuerzas, pero aquí tengo a una niña que me llenaría de alegría. Sin embargo, jamás olvidaría a mis pequeños. En México solo tenía a mi madre, que era todo para mí, más que una reina; desafortunadamente, la perdí. No pude volver a verla y aún me pesa mi ingratitud. Con todo esto, pasando un día me decidí a juntar mucho dinero y regresar por mis hijos hasta el fin del mundo si era necesario.


Como puede encontré la manera de traer a mis hijos, hace casi diez años a mi niña y hace nueve a mi niño, que hoy es todo un hombre y mi niña tan hermosa que no podría describir su valentía y fortaleza ante la vida tan difícil que le tocó vivir.


Bueno, de esto han pasado muchos años y hoy mi historia es otra después de tantas lágrimas, idas y venidas a este país, tantos desprecios de las personas por ser madre soltera, sin una profesión, sin un estatus migratorio, sin entender el idioma inglés. He tenido mil trabajos y orgullosa estoy de eso. Mis hijos son felices y personas de provecho, algunes dicen que robamos los trabajos de los güeros, yo les digo que más bien hacemos lo que tal vez sus manos no querrían hacer.


Soy sobreviviente de la vida y me siento satisfecha por haber tenido el valor de estar donde me encuentro, extraño mi casita donde crecí y recuerdo las manos de mi madre que me acurrucaba en los momentos donde las fuerzas me faltaban y donde todo era tan incierto. Jamás olvidaré aquel día donde me despediste diciendo “Tal vez ya no me encuentres viva pero llévame dentro de tu corazón y dile a mis niños que los quiero y daría la vida por ellos”. Así lo hiciste, madre mía y siento que sigo viviendo porque cambiaste tu vida por la mía y fue un trato entre tú y el eterno que está en el cielo. Gracias mamita querida, descansa tranquila que todes te recordamos con amor y respeto, ese dolor tan profundo lo mitigo con amor a tus nietos.


Muchas cosas he perdido por cumplir ciertos sueños, mi trabajo con las personas me hace sentir útil y siento que a la vida le debo haber encontrado a personas que ayudaron en este proceso de integrarse a la familia, sanar las heridas, cerrar ciclos, aprender a vivir sin miedo, tener el valor de revelarme, el simplemente hablar era todo un reto.


En este país hay de todo y no todes son depravades, gracias a las personas que me hicieron ver que la vida es hermosa y que las lecciones aprendidas también nos ayudan para darle fe a otras personas, decirles que no están solas y que también pueden cumplir esos sueños que han tenido pero que debemos defender nuestras raíces y cultura porque orgullosos estamos de ser de raza de bronce.


Gracias a mis hermanas(os) que he tenido el placer de conocerlos, no importa el tipo de sangre y mucho menos la piel o el suelo donde nacimos, aquí todes somos iguales y venimos a cumplir un sueño. Y a mis paisanos queridos le cuento que en este país se trabaja no importa la fecha o el tiempo, aquí todas las mañanas te levantas y elevas tus manos al cielo agradeciendo que hay trabajo y que este tiempo es ya un privilegio. No pienses que solo estiramos la mano para recibir nuestro sueldo, las jornadas tan cansadas, las humillaciones son peor que bofetadas, no te imaginas cuantas horas pasamos fuera de casa. Aquí no se celebran cumpleaños y si algún regalo nos dieran pediríamos un simple día de descanso.


La vida me ha dado lecciones para seguir progresando, he salido de las sombras, he vencido a mi enemigo, aquella persona que tanto daño me hizo; me encuentro lejos de mi tierra, pero libre y muy contenta de ver a mis hijos unidos y dándome su cariño, ahora sí que hay Navidades y no me importan los regalos, solo quiero su presencia y estar rodeados en la mesa para compartir nuestras historias, valorando nuestras vidas y agradeciendo al universo por tantas bendiciones que tenemos. Y bueno, a seguir luchando, pero sin despegar los pies del suelo. Como buenos mexicanos, nos la rifamos y cumplimos los sueños que nos trajeron a estos suelos.



María Meneses para PUEBLAYORK